Rozando la hazaña
Se plantó el Amapola en el campo del líder con lo puesto. Seis efectivos, cuatro jugadores y dos porteros, uno de los cuales, Alvarito, tuvo que ejercer de improvisado delantero. Ocho bajas que se elevaron a nueve tras la lesión de Apurttu, que sufrió un tirón al filo del descanso. Y cinco 'gudaris' que se batieron el cobre para plantar cara al Calasanz. Y lo hicieron. Vaya si lo hicieron. Sólo el lógico desplome físico propició la victoria de los escolapios, que dieron la vuelta en el tramo final a un electrónico que habían dominado los Reds durante la mayor parte del tiempo. Al final, mucho y muy buen trabajo para tan escasa recompensa.
El duelo comenzó bajó el patrón esperado: pelota para los locales y el agazapado Amapola esperando su oportunidad. Las tuvo, porque defendió con orden, pero sin renunciar al balón ni a unos contragolpes, fundamentalmente basados en Apurttu, que hicieron mucho daño a los granates. Las mejores ocasiones, de hecho, fueron de los de Zaramaga, que trenzaron bonitas contras para desarbolar a la defensa calasancia. En una de ellas, mediada la primera mitad, un disparo de Iñigo no fue retenida por el portero y el pivote eibarrés, listo él, aprovechó el rechace para poner a los rojillos, de azul en esta ocasión, por delante en el marcador.
El partido tenía buena pinta, porque al Calasanz se le atragantaba el rigor defensivo visitante. Al estilo Amapola, ese equipo contra el que no gusta jugar cuando junta sus líneas y limita los espacios. Tanto es así que los Reds pudieron incrementar su cuenta. A poco del descanso, de hecho, tuvieron una falta peligrosa a favor. Pero, lejos de convertirse en gol, motivó la lesión de Apurttu, que dejó al conjunto colorado sin cambios para la segunda mitad.

En la reanudación, obviamente, el dominio local se intensificó y las apariciones amapolinas por las inmediaciones de la portería local se fueron reduciendo en número, aunque las siguió habiendo. Aguantó el Amapola, con un entonado Casillas y el derroche físico de los cuatro jugadores de campo, más de medio período, obligando al Calasanz a aumentar su presión. Al final, tanto va el cántaro a la fuente, que, falta de unos ocho minutos, se rompió en un disparo de fuera del área, con los de Zaramaga cada vez más retrasados. Y unos tres después, tras una falta que no fue, hicieron el 2-1.
Todo parecía acabado, pero nada más lejos de la realidad. Porque el conjunto escolapio, incomprensiblemente dada su clara superioridad física, dio un pasito atrás y permitió a los cansados rojillos pulular claramente por el campo contrario. Tanto que las volvieron a tener, pero en esos minutos la cabeza y las piernas no caminan al mismo ritmo, por lo que el enorme esfuerzo se quedó, lamentablemente, sin premio. Gran imagen, en cualquier caso, del Amapola, con Hristo de míster con poco trabajo, que confía en recuperar efectivos para las próximas jornadas.




El duelo, un clásico de la categoría, será recordado por eso. El día del puñetazo. Una acción lamentable y bochornosa que esperamos no volver a vivir en una cancha de fútbol sala. A todo esto, ganó el Amapola. Una victoria importantísima que quedó relegada a un segundo plano por ese desgraciado lance.
